Conocí a Don Filemón hace unos veinte años. Entonces era un adulto y hoy en día, de pelo blanco, sigue en el mismo sitio.
En Caracas, hay un centro comercial un tanto anticuado y venido en menos, en cruce del Boulevard del cafetal, y la principal de Caurimare. Se llama, como podrían asumir, Centro Comercial Caurimare. Nadie lo llama así, con todas sus letras y le han puesto toda clase de sobrenombres que no vienen al cuento. Allí trabaja Filemón, portero de la taquilla de entrada por el boulevard. La entrada que usan los que conocen el centro comercial y sus usuarios frecuentes.
Filemón es toda atención. UN hombre atento. Siempre fue así. Uds. se imaginan lo que es conseguirlo a la entrada en una casucha olvidable. Te recibe y, milagro¡¡¡, te da los buenos días. En una Caracas que vive del gruñido mañanero. Te saluda, te entrega el ticket una vez sellado con la hora, y luego directamente a tus sentidos, te augura un buen día, te indica que desea que cumplas tus objetivos y que pases adelante. Como si estuvieras llegando a alguna mansión inglesa de esas de mayordomo, donde lo principal, son los modales. (Esto lo he visto en películas, ojalá sea verdad).
TU quedas, como dicen mis hijas, en shock. Nadie se lo espera. Es una riqueza poder ser atento todos los días todas las horas. Ese hombre tiene que tener un secreto que no sabemos. Después del espasmo de semejante recibimiento, entonces pueden pasar dos cosas, que casi siempre pasan. Primero, te da pena. Que vaina, que no fui amable. Esto me pasó a mí, varias veces en mi vida. Y Siempre me dije: que vaina que no fui atento yo también. Que vaina que no fui primero. Que vaina. Para que reacciones de esta manera, se necesita que vayas solo en el carro.
Segundo, te da pena. Pero esta vez, porque la gente amable, a los venezolanos les da como pena. Será verdad esta vaina?. Será falso ese saludo?. Lo sentirá? En Bejuma decimos: No será pa´jodeme? Y en Caracas los más osados dicen: Este viejo no será marico? Para que reacciones de esta manera, se necesita que vayas acompañado. Y las diferentes respuestas, dependen de quien vaya contigo en el carro. Por ejemplo, si andas con tus panas de jodedera, y no llegas a los 30 años, tu reacción es la última de las preguntas anteriores.
Hoy volví a entrar en el CCC (así lo hubiesen llamado si lo hubieran construido hace menos de cinco años) pero contra mi costumbre, entré y seguí derecho. Ni vi la casucha. Estos actos de descuido me pasan frecuentemente. Mis hijas dicen que me he vuelto un tanto despistado, y yo, prefiero asumir, que el desorden de mis cavilaciones me tienen aislado del mundo.
Ud. piensen lo que quieran, pero seguí derecho. Rodé hasta el fondo de la cuadra interna. Me comí unos centímetros de vía, y estacione mi meru, como corresponde a un adulto contemporáneo que se va a cortar las uñas en el viejo Dr. Scholl. Me bajo de mi carro. Si tuviera 20 años menos, me hubiera quitado el aipod, pero solo agarré mis celulares (En Caracas, se usan dos ahora).
Con calma postoperatoria, me acerqué a la acera. Y allí, a mi lado, estaba Filemón esperándome. Buenos días mijo…¡¡¡ Me tienes siguiéndote por el centro comercial. Y me entrego mi ticket de estacionamiento con el mismo amor, con el mismo gesto, que tu le entregas un billete a tu hija para que se vaya al cine.
Hice mi colita para echar gasolina. Adelanté el carro hasta mi punto y allí me volví un ocho, tratando de abrir la puertecilla de la gasolina. Abrí primero el capot delantero. Luego abrí la maleta, hasta que me acordé donde se activaba el mecanismo de la gasolina. Chévere. Me bajo del carro y el bombero me mira por debajo de su propia nariz.
Me sorprendió la dureza, pero me dije: esto del reposo postoperatorio, me hizo perder los sentidos. Ellos siempre son así. Y no se porque me extraña.
Cuando quiso, después de ordenar todas las monedas por denominación en pilitas ordenaditas, se movió lentamente y me dijo algo como… Futtttt e nuevcicuuu?. Le dije Si. Ellos siempre preguntan lo mismo y como la gasolina es tan barata, todo el mundo hace lo mismo: Full de 95. Ellos lo saben, pero lo tienen que preguntar, en caso que se consigan una odiosa como la que estaba al otro lado de la isla, reclamando atención, velocidad, golpeando el volante, y chateando con su blaberri, sin bajarse del carro. El bombero para poder cobrarle 3 bolívares, le pregunta cómo quiere y cuál, le llena el tanque, se cala su odio antituki, le cierra la puertecilla, regresa a guindar la manguera, y tiene que volver hasta el piloto a pedirle, los tres bolívares a la enfurruñada mijitita.
Ella era la culpable de su reciente mal humor.
Para el momento solo andaba en funciones de reflexión. NO había escrito la tercera parte de ésta crónica (Yavamospallá) pero me quedé tranquilo. Ellos no saben que yo sé, que estar todo el día trabajando, ida y venida, recibiendo groseritas como mi compañera de isla, comiendo rapidito su canilla resuelta, enfundado en grasa, uñas en grasa, para cobrar menos de 1000 Bs al mes es una situación complicada. Pobre me digo. De corazón. Y me siento culpable yo.
Sé que es difícil vivir así, comer así, trabajar así, transportarse a algún sitio humilde de caracas y aguantar el ataque de inseguridad permanente.
Juan sigue sin mirarme. No respondió a mis comentarios de que me había vuelto un culo con las palancas, se fue a despedir a la groserita, y regreso. Tomó el control de la manguera y cuando iba por 2,9 cerró abruptamente el pico de servicio.
También se porque lo hace. Se asegura que le quede el vuelto fastidioso. El procesa su viveza de la siguiente manera: …”” Yo le doy un billete de Cinco, me da Dos vuelto, y cuando meta la mano al bolsillo por el sencillo, este pajúo me dirá.. Déjelo así”” . Bingo, se asegura cien porerpico.
LO dejé tranquilo. Colgó la manguera con mal humor. Y finalmente me enfrento para decirme, .. 2900. (mas nada..)
Le pregunte como se llamaba y le entregue un billete de 20 Bsf... Que tengas feliz navidad Juan. Me monté en el carro y me fui tranquilo. Yo feliz y él sorprendido. No le di chance de decirme nada. Apenas un lejano gracias.
----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Hoy volví a mi cirujano. Me dijo, Tás como un bebe por dentro. Yo, creo que mi mutación principal está un poco más adentro que la ex vesícula. Algo cambió por dentro, quizá los días de reposo, quizá la manera brillante de ver la cosas. No lo supe hasta que me acordé, que no tengo vesícula y eso significa que NO tengo bilis en almacén. La que necesite se produce al instante. Nadie puede revolverme la bilis.
He aquí el secreto. Como no tengo bilis, ya nada me puede amargar.
Así quiero presentarles mi propósito de hombre nuevo que soy. Escribí este Decálogo para mi, sin presiones, de motu proprio mío, porque admiro a Filemón y nunca se lo agradecí, porque me procuró la gana y prometo ante cualquiera de los Dioses únicos (el que esté más cerca), que Seré Atento.
Aquí les dejo mi compromiso. A partir de hoy, sin pena, sin quejetas, me regiré estrictamente y sin que nadie me obligue, a cumplir el siguiente
“ Decálogo Seré Atento”.
1. Seré Atento siempre.
2. Responderé con amabilidad, a quien me trate con indiferencia.
3. Si observara un menor grado de educación de quien me trate mal, seré doblemente atento. Porque esa persona no tiene la culpa.
4. Si alguien trata mal a alguna persona y yo lo veo, lo compensaré con atenciones directas. Y al agresor, también.
5. Saludaré siempre de primero. Preguntaré por sus vidas, antes de solicitar sus servicios.
6. Incluiré en trato preferencial a los operarios de las estaciones de servicio, maltratados por todos los ciudadanos de esta ciudad. Si puedo, mi propina será al menos, tanto como lo que gaste en gasolina y hasta el doble o triple. Sin queja.
7. Cuando maneje, cederé el paso. Y aquí incluyo a los abusadores. Es mi aporte, para la eliminación de esa plaga.
8. Seré atento SIEMPRE con todas las personas mayores. (Esto porque me conviene… ya voy comenzando ese camino y tengo muchos amigos allá esperándome).
9. No me quejaré de un mal servicio, si no he logrado antes ser atento y he sacado una sonrisa.
10. Cuando esté de mal humor, por una causa interna propia y mía, con las personas que estén a mi alrededor, seré atento. Si por el contrario, alguien externo logra ponerme de mal humor, seré atento.
Jorge Sequera,
17 Noviembre 2009
Comentarios